ALTAR FAMILIAR DEL 28 DE ENERO 2019

ALTAR FAMILIAR DEL 28 DE ENERO 2019

“PRIMICIAS DE RESURRECCIÓN”

AUTOR: APÓSTOL HOLVER ESCALA


PAN DE VIDA

1 Corintios 15:20:

“Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho”.

Reina-Valera 1960 (RVR1960)

 

ORACIÓN EN FAMILIA

“Padre, te damos gracias por tu inmenso amor al darnos a tu hijo Jesús como don y primicias. Gracias porque con Él nos da todas las cosas y porque a través de tu hijo Jesús tenemos salvación y vida eterna. Declaramos el poder de tu sangre sobre nuestras familias, iglesia y nación en el nombre de Jesús. Amén”.

 

PRINCIPIOS DE BENDICIÓN PARA LA FAMILIA

La Palabra de Dios en Juan 3:16 dice que tan grande fue el amor de Dios que dio (entregó) a su hijo unigénito para que todo aquel que en Él crea no se pierda, mas tenga vida eterna. El Padre tuvo que dar la más grande y más valiosa de las ofrendas o sacrificios, su hijo único Jesús, para poder traer salvación y vida eterna a la humanidad.

A través de la ofrenda única y valiosa que Dios el Padre entregó, nosotros recibimos esta gran cosecha:

  1. Primero recibimos libertad de las tinieblas y de la maldad (Colosenses 1:13-14).
  2. Somos libres de todas las maldiciones generacionales, familiares, las que vienen como castigo por causa del pecado de Adán y Eva por causa de la desobediencia de la Ley (Gálatas 3:13-14). Somos libres de la maldición de la enfermedad, de la maldición de la destrucción de hogar, del adulterio, de la pobreza, de la locura, de la dispersión familiar, de la cautividad y de la esclavitud. ¡Somos libres de la escasez y la miseria!
  3. Somos libres de la pobreza (2 Corintios 8:9). Cristo se hizo pobre para que nosotros en su pobreza seamos prosperados, en Cristo somos libres de la pobreza, pero nosotros debemos caminar en fe, vivir en fe, romper las limitaciones y condiciones que pone el mundo para no caminar en esa situación, sino en nuestra posición en Cristo; Él nos dio el don inefable para que esta promesa del Nuevo Pacto se haga una realidad en la nuestra vida. Ese don y esa arma es la generosidad (2 Corintios 9:6-8; 15). Es un regalo que Dios nos da para poder invertir y sembrar en su Reino para activar y hacer una realidad el ser libres de la pobreza.
  4. Somos libres de la enfermedad (1 Pedro 2:24; Isaías 53:4-5). El Padre entregó a su único hijo Jesús para que nosotros recibamos una cosecha de salud y sanidad. Por las heridas y los azotes que a Cristo le hicieron, por esas heridas de los clavos en sus manos y en los pies y por las heridas que le hicieron con la corona de espinas y la lanza en su costado, nosotros somos sanados; esa es nuestra legalidad y a través del poder del Espíritu Santo, toda fuerza demoníaca que está impidiendo nuestra sanidad se va de nuestros cuerpos en el nombre de Jesucristo.
  5. Somos libres de la Ley (Gálatas 5:1). En el Antiguo pacto, las personas tenían que ser obedientes a toda la ley, si quebrantaban la ley eran merecedores del juicio y del castigo divino (Gálatas 3:10). Cristo nos liberó, no solo de la maldición sino de la ley misma y nos justificó (Romanos 5:1), por eso, si caminamos en Cristo y en la nueva naturaleza que Él nos ha dado, seremos libres de la condenación (Romanos 8:1) y viviremos en la justicia.

CRISTO SE TRANSFORMÓ DE OFRENDA ÚNICA A PRIMICIA CUANDO RESUCITÓ (1 CORINTIOS 15:20)

Él fue el primero que resucitó, es decir, que se levantó de los muertos para no morir jamás, para ser inmortal y lleno de la Gloria de Dios.

Cuando el padre lo entregó, Él pasó de ser el único hijo a tener una cosecha de muchos hijos, y somos nosotros. Cristo paso de ser el único al ser el primogénito de muchos hermanos (Romanos 8:29).

Ahora, debemos entender que hay una resurrección espiritual y otra resurrección física. Nosotros, al momento de recibir el don y el regalo que Dios el Padre nos da a través de la fe, recibimos vida y resurrección (Efesios 2:1:6).

Romanos 8:23 dice: “No solo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo”:

  • Nosotros recibimos las primicias del Espíritu, recibimos el don y el regalo del Espíritu Santo (Hechos 2:38).
  • Recibimos los dones del Espíritu Santo, recibimos el don de la salvación, el don de Cristo, recibimos la gracia de Dios.

 

GENEROSIDAD EN FAMILIA

Las primicias no es solo una siembra, es una ofrenda de honra y agradecimiento por la cosecha recibida. Ellos traían los primeros frutos de sus cosechas, de sus ganados y le agradecían a Dios porque el Señor los guardaba de la langosta, de lo que destruía la cosecha, le daban gracias a Dios porque Él le daba la lluvia a su tiempo (Proverbios 3:9-10).

Entonces ellos veían que Dios le daba tanto, los bendecían tanto y los guardaba, ellos daban las primicias como una alabanza, adoración y honra para el Señor.

Y esa primicia que ellos daban, que era el fruto de su cosecha cuando se le daban a Dios, se convertía en semilla que traía y manifestaba el poder de la abundancia y del rebose sobre sus vida y familias.

Una primicia de honra se caracteriza en no darle al Señor lo peor, lo menospreciado; sino darle al Señor lo mejor (Malaquías 1:6-8). Por esa razón, nosotros hemos recibido tanto de Dios, hemos recibido su amor, al entregar lo único y lo más valioso y poderoso para salvarnos, para liberarnos de la ira venidera y de la condenación eterna. Dios sembró a su hijo por amor a nosotros y esto trajo la cosecha de resurrección y vida, haciendo a su hijo una primicia para nosotros.

Cristo es la primicia, el gran fruto y la gran bendición que el Padre nos da. Él no se limitó ni escatimó con nosotros, lo dio todo por amor (Romanos 8:32). Ahora, ¿Cómo no honrar a Dios con nuestra vida, creyendo y amándole a Él? ¿Cómo no honrar a Dios dándole lo mejor de nuestra cosecha financiera?

Por eso, la primicia que nosotros damos en el Nuevo Pacto es una ofrenda de honra y de agradecimiento al Padre, por entregarnos a su hijo Jesús para salvarnos, liberarnos, sanarnos, prosperarnos, transformarnos, darnos vida, ser parte de una nueva creación y una nueva naturaleza.

Por esa razón, debemos dar gracias al Señor y honremos al Señor con nuestras primicias.

 

DECRETO APOSTÓLICO

Declaramos que Cristo es la primicia que nos dio el Padre y que a través de su resurrección tenemos vida en abundancia y vida eterna. Declaramos por el Poder de la sangre de Cristo que somos libres, sanos, justificados, santificados y redimidos. Nos apropiamos de todo lo que Cristo hizo por nosotros en la Cruz y declaramos con el poder del Espíritu que todo yugo de maldad se pudre en el nombre de Jesús.

#AltarFamiliar #PrimiciasEsTodo

 

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